Nada más desagradable, para cualquier persona, por dolor y por elegancia, que
sufrir de juanetes. Basta ver la cara de los caminantes, para saber quién
porta y quién no, este padecimiento. Esta cara cambia de una a otra época del
año; en verano somos felices porque se usan ojotas o se camina descalzo, ya
sea sobre arena o cualquier otro tipo de terreno y no existe nada que nos
apriete, el pie disfruta. Pero hay que tener en cuenta que el verano dura
poco y con los zapatos cerrados de invierno, llegan los dolores. El hallux
valgus o juanete como se conoce comúnmente a estas lesiones tan dolorosas del
pie, son deformaciones de la articulación del dedo gordo, y lo sufren sobre
todo las mujeres. Los orígenes de su formación, son muy variados pero los más
comunes son: el origen estático, el congénito y el inflamatorio. En el primer
caso se puede considerar que el tipo de calzado tiene una responsabilidad
fundamental ya que por lo general son angostos y puntiagudos; también el
tamaño del dedo gordo es importante pues cuanto más largo sea, más
predisposición al juanete existirá, según el libro de Jean Leliévre de
Patologías del Pie, hay una estadística estudiada sobre 8000 pies de niños y
adolescentes entre 6 y 20 años y que da la proyección del futuro de esos pies
y se determinó que cuando el dedo gordo era más largo que los demás dedos, el
zapato de punta angosta, traumatizaba y desviaba al dedo un 49%, cuando los
dedos eran de igual largos, el peligro de la lesión del dedo por parte del
calzado era de un 26%, y cuando este dedo era más corto, el riesgo es mínimo;
probablemente en este momento se estará mirando cuan largo es su dedo, pero
de todos modos, casi siempre los pies están peleados con los zapatos, y si
no, trate de tomarle la medida a su antepié y luego haga lo mismo con la
punta del zapato que ha de ponerse y verá que algo no está bien, algo no
coincide. Es que las leyes de la física no se pueden romper y si después de
todo el esfuerzo logra introducir su pie en un calzado inadecuado y no siente
dolores es porque Arquímedes se equivocó en todas sus teorías. En cuanto al
juanete congénito, son poco comunes y están asociados a algún sobrehueso
inadecuado en un lugar en el que no debería estar. Por otra parte el hallux
valgus de tipo inflamatorio es el más común pero no siempre el tener la
articulación roja, hinchada y dolorida es sinónimo de un juanete, eso es una
bursitis, o sea la inflamación de la bolsa serosa que tiene como función
amortiguar, proteger y lubricar la articulación. Los síntomas son: dolor
agudo y localizado con rigidez de la articulación y enrojecimiento de la
piel, en ocasiones el paciente no tolera la palpación al ser revisado y hay
que tener en cuenta que cuanto más superficial se encuentra la bolsa más
apreciables son los síntomas. Hay zonas expuestas constantemente a una
fricción, entre el hueso y el cuero del zapato, queda la piel aprisionada; la
única forma de defensa de ésta es engrosarse, para poner distancia entre los
elementos que la comprimen, formándose así, el callo, ésto indefectiblemente
produce dolor y por ende una marcha antidolorosa, con lo que se acentúa el
cuadro general. Se ve una deformación evidente de la articulación, el dolor
varía de acuerdo a la lesión y es la consecuencia del roce del cuero del
zapato contra la piel lo que inflama la bolsa serosa que está por debajo, y
allí, en ese mismo lugar hay un nervio, llamado colateral interno, cuando la
irritación llega a él se produce el dolor, que el que lo ha sufrido, no
olvida fácilmente; también hay ocasiones que la deformidad es tan importante
que el dedo gordo se va inclinando de tal forma que este puede quedar
"metido" debajo de los demás dedos, imposibilitando poder caminar
normalmente, en esta etapa cada paso es un sufrimiento, un suplicio al que no
debe estar condenado ningún mortal en la tierra. Muchas veces el hallux va
acompañado de otras indeseables alteraciones como lo son los dedos en
martillos y los juanetillos de sastre, que son las deformaciones del dedo
chiquito y el vencimiento del arco anterior; en esta zona existe una capa de
tejido graso que mantiene separadas las cabezas de los metatarsianos del
piso, cuando por diversas razones esta capa de grasa se disuelve, la primera
barrera de defensa es la piel, quien reacciona en este lugar engrosándose. En
estas callosidades, son característicos los núcleos, difíciles de extraer y
dolorosos a la presión. También hay una notable sensación de debilidad en los
tobillos, lo que predispone a frecuentes torceduras, pasos en falso o
calambres, especialmente en la marcha sobre terreno desparejo. El reposo
puede en principio, calmar el dolor. Pero, solo en un principio, porque al
dar los primeros pasos, se intensifican nuevamente. Finalmente, todas las
articulaciones del pie, se vuelven rígidas y no es suficiente todo el reposo
nocturno para calmar el dolor. En suma, el portador de un pie doloroso, busca
afanosamente la solución, tentado por panaceas en tratamiento u otros
métodos. SU CURACIÓN Como solución para este problema la ciencia brinda
varias alternativas: Sufrir por un juanete no vale la pena, los métodos están
al alcance de todos y únicamente si se siguen los pasos reglamentados y
supervisados profesionalmente de cerca, se tendrá la oportunidad de caminar
sobre pies sanos . Primero se recurre al clásico y antiguo pedicuro, que con
habilidad y pericia manuales va librando al paciente de esta molesta
afección. También la fisioterapia hace lo suyo, esta es una terapéutica que
va dirigida a disminuir el dolor pero no a corregir la deformidad, para tal
fin se utiliza el rayo láser, pero solo son efectivos los de alta potencia,
de nada vale hacer 10 sesiones de un equipo ineficaz con el que solo perderá
su valioso tiempo; por otra parte son de gran ayuda las manipulaciones
articulares, maniobras que tienden a mantener móvil la articulación, evitando
la anquilosis. Para el dolor y si es que no le importa la estética, se logra
mejorar con antiinflamatorios locales, esto se realiza con parches
conteniendo medicación tópica o con infiltraciones aplicadas con agujas
mosquito, pequeñas, que son prácticamente indoloras. En etapas tardías, con deformidades
importantes del pie, es necesario modificar las estructuras y formas de
pisar, para tal fin la ortopedia cuenta con una batería de elementos entre
los que se cuentan: plantillas de siliconas, separadores diurnos y nocturnos,
zapatos correctivos, olivas, barras, cuñas y un sinfín de correcciones que
ilustra perfectamente la forma de modificar los apoyos y roces sobre zonas
sensibles. Cuando todo esto no da resultado, se impone la cirugía, que tiende
a eliminar el hueso con su saliente y la selección de los casos se hace
teniendo en cuenta la significación dolorosa y estética, hay que aceptar que
un juanete no es una gran enfermedad, pero si una gran molestia y que en
ocasiones convivir con él se torna bastante dificultosa, a su vez, muchas son
las consecuencias que se pueden producir de caminar mal por dolor, o sea que
solucionarlo, es imprescindible. Las cirugías de hoy ya no son las de antes
en la que el paciente sufría cruelmente, se trata de evitar usar clavos o
yesos para que la rehabilitación sea rápida e indolora, hoy se opera con
anestesias regionales, o sea un pinchazo cercano al tobillo que logra dormir
todo el pie, el tiempo de cirugía también varió, hoy es mucho más corto que
las intervenciones de antaño y las recuperaciones son más ágiles, el paciente
esta de nuevo "en carrera" antes del mes, pero se puede trasladar
por sus propios medios desde el primer día. En definitiva, un diagnóstico
correcto y un tratamiento adecuado harán la felicidad de los adultos con los
horrendos dolores de pie. Un juanete no es una afección grave pero si molesta
y dolorosa y cuando se cura, lo hace bien y sin secuelas, garantizando la
participación plena en la vida cotidiana, ya que una articulación sana cumple
el rol más importante: caminar!! Hoy en la ciencia existen opciones como para
que ya vaya imaginando llegar a casa normalmente sin tener que tirar los
zapatos sobre la humanidad de cualquiera que se interponga.
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