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Por diversas razones y a lo largo de la historia, el hombre relacionó a los huesos con distintos elementos o causas que lo rodean y perjudican. Las diferentes actividades profesionales, tienen en ocasiones, un efecto lesivo para las articulaciones, ya sea por malas posturas en el ejercicio profesional, ya sea por alimentación deficitaria o inadecuada o porque decepcionamos un clima húmedo con base étnica predispuesta a los problemas óseos. Así como existe la anemia mediterránea típica en algunas zonas de España, también se conocen problemas neurológicos propios de los alemanes, se observan las afecciones óseas y reumáticas de los oriundos de Medio Oriente e Italia. Acorde con el popurrí de razas que conforman nuestra población, muchos de nuestros antepasados que vivieron lejos y hace mucho, nos heredaron características que, en gran parte, involucran a nuestros huesos; a su vez, ya que nuestra costumbre, ser altamente carnívoros, y que nunca falta el festejo, con unos ricos asados con achuras, o una buena paella o simplemente una picada. Todos estos productos más algunos otros son altamente ricos en ácido úrico, que no deja de ser el elemento más perjudicial para las articulaciones. Las profesiones también tienen sus bemoles: los cirujanos, luego de largas horas en una sala de operaciones, bajo gran tensión, que la responsabilidad médica les impone, sufren frecuentemente de dorsalgias. Los odontólogos, sobre todo los que tienen consultorios antiguos, tienen que trabajar en la boca del paciente, eludiendo el sillón en el que se sienta a quien trata, cosa que no ocurre con las modernas instalaciones ya que la nueva dinámica en aparatología se adapta a la mecánica articular del paciente y permite al profesional, tratar desde atrás con el paciente acostado; esto procura sufrir menos para curar al prójimo. Los arquitectos que desde estudiantes, en cada entrega de trabajos, pasan largas horas frente a tableros, con lo que somete a la musculatura espinal a una tensión no acostumbrada, lo que se traduce en dolores. Los peluqueros, con cada brushing o las largas permanentes, mantienen durante horas su columna erguida con los brazos en alto, están afectados de dolores de cuello y de cintura; al igual que los oficinistas con sus largas cartas a maquina, perjudicados por la vida sedentaria. Sin embargo el medio que nos rodea nos lleva a la dependencia, implica la renuncia a nuestros verdaderos deseos, si comprendemos que es nuestro medio de vida, no lo podemos cambiar, pero si modificarlo o contrarrestarlo con ejercicios o actividades de tipo gratificantes. Deslindar lo que hay de bueno y de malo en cada actividad o profesión, escapa a nuestra capacidad ya que de tan necesaria como medio, se han afincado en nuestro subconsciente. Quizás las causas habría que buscarlas en las inadecuadas de las técnicas, que en esta parte del globo no goza del mayor adelanto. Puede, por otra parte deberse a que a falta de tecnología se agudizan las facultades y se redoblan los esfuerzos físicos, para lograr lo mismo que otros colegas de países más desarrollados. Tal vez en el futuro, la investigación determine cual es la hipótesis más acertada. El cirujano seguirá operando, el peluquero y el arquitecto seguirán en lo suyo si es que la necesidad no les cambia el rumbo de su vocación. En la escala zoológica, desde que el hombre desciende de los árboles, nuestros huesos y en especial, nuestra columna, no se adaptaron perfectamente a la bipedestación y por ende los somete a esfuerzos mayores, que no podemos solventar sin dolores. Para algunos estudiosos en la materia, el mundo y sus avances han hecho extinguir cada vez más las causas de dolores. Otros piensan, por el contrario, que con los abatares de nuestro tiempo, estamos contemplando a la víctima de su propia profesión. Pero unos u otros están predestinados a no coincidir nunca, mientras tanto el hombre trabaja, vive y a veces sufre, y nuevamente se traza un amplio interrogante que tal vez podrán modificar las generaciones venideras. |
martes, 13 de diciembre de 2016
LAS PROFESIONES Y LOS HUESOS
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